A mis 12 años aproximadamente.
Era aún nueve horas de la noche cuando el ruido de mis lápiceros cesaron y el silencio de la calle se hacía presente, el respirar de mi nariz se sentía y el latir de mi corazón se hacía notar dentro de mi. Al culminar todas mis tareas, el dormitar de mis ojos debía consumirse aceleradamente porque al amanecer me esperaba una larga travesía.
Me había acostumbrado levantarme a las seis de la mañana y esto de madrugar se me hacía un problema. Necesitaba levantarme temprano, mi reloj no tenía opciones para programar alarmas, no habia quién pueda despertarme a la hora exacta de la madrugada, cinco de la mañana exactamente, porque no hay quién se levante a esas horas del crepúsculo con tanto frio que asola las mañanas de aquel lugar. Además, el solitario lugar era habitada solamente por mi presencia.
Ya en mi cama, como cada noche, incliné mi rostro y elevé mi oración al Dios que vive y mis labios pronunciarón palabras los cuales decían: "Señor, encomiendo mi alma en tus manos, guárdame esta noche, cúbreme con tu manto protector, guarda a mis padres y hermanos, y por favor, levántame a las cinco de la mañana. Te pido en el nombre de tu hijo Jesús, amen.". Cerré mis ojos, y mientras el sueño se apoderaba de mi, el silencio de la calle y el ladrido de perritos en la lejania se iban perdiendo.
Salté de repente cortando mi profundo sueño, vi mi alredeor y aún todo estaba oscuro, busqué el reloj de entre los cuadernos, me acerqué a la ventana y con la ayuda del pálido brillo de la luna que a lo lejos se ocultaba, distiguí que eran las 4:59 de la madrugada. Entonces entre maravillado dije a voz audible "Gracias Dios mio". Quedé asombrado por tanta precisión.
Todas la veces que pido a Dios estos favores las cumple al mismo estilo y sin fallarme en ninguna, no es casualidad, es el Dios verdadero quién oía mis oraciones. Han pasado más de 10 años desde aquella noche y lo sigue haciendo. Me siento muy amado por él, el sentimiento que tengo no tiene expliación, simplemente es muy grande e insoportable, me caen las lágrimas al solo pensarlo. Dios siempre estuvo conmigo aunque muchas veces le he fallado.





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